jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Cuánto inviertes en tu imagen personal?






La influencia de la tecnología en la sociedad es un hecho innegable, internet y las redes sociales se han hecho con un gran hueco de las rutinas diarias, gracias a ellas (aparte de poder leernos), se tiene a golpe de click a amigos, familiares, compañeros de trabajo y demás personas que sin disponer de una pantalla sería difícil conseguir tanta información diaria de ellas. A través de redes sociales, tanto personas desconocidas como famosos seguidos en todo el mundo se muestran tal cómo son, o, quizá en la mayoría de las ocasiones, tal y cómo quieren mostrarse.
Aquí surge un problema moderno, la diferencia entre la imagen que se muestra, que se quiere y la realidad, cada persona dispone de un escenario en el que se enseña a todos sus espectadores, que lejos de mantenerse en la butaca, observan y hacen lo mismo desde otro escenario. Se crea un reto que nunca se podrá ganar, el lograr y mantener la imagen perfecta. La preocupación por la imagen personal va en aumento, y pese a que ha sido estereotipado hacia mujeres jóvenes, cada vez menos se distingue entre sexos y edades, siendo cada vez más las personas atentas a su propio reflejo buscando, para resaltar virtudes y ocultar defectos.


Pero, ¿qué ocurre cuando no te gusta lo que ves en el espejo? Las personas que tienen una percepción negativa de ellos mismos pueden acabar realizando conductas rituales de belleza y enmascaramiento de los defectos, a través de maquillaje, ciertas prendas de ropa, ciertos peinados... o incluso evitar ciertos espacios donde se puedan sentir incómodos por su aspecto, como gimnasios, discotecas o centros comerciales. Provoca un alto coste en autoestima magnificar los defectos o crear una imagen ideal sin ellos, pues éstos se alzan con el protagonismo de tu imagen personal y pueden hacerte sentir inferior a los demás o avergonzado y limitar tu bienestar en muchos contextos. En ocasiones la limitación entra en un ciclo y se vuelve "la pescadilla que se muerde la cola" ya que, por ejemplo, la imagen atlética de alguien haciendo ejercicio puede bloquear a una persona a iniciarse en hacerlo, lo que perpetúa el sentimiento de malestar y acentúa además la incapacidad de atajarlo. Otras veces, sin embargo, la propia imagen atlética es insuficiente para el individuo que busca mejorarse a tal nivel que se vuelve una rutina perjudicial.

Tener una percepción negativa de la propia imagen no se considera psicopatólogico, pero es un factor a tener en cuenta para el Trastorno Dismórfico Corporal.  Sin entrar a valorar el grado, los síntomas que se relacionan con este trastorno son los siguientes:
  • Pensamientos obsesivos, ideas o creencias delirantes sobre los defectos.
  • Conductas compulsivas relacionados con esos defectos. Comportamientos repetitivos ritualizados (colocar el pelo ocultando una parte del rostro, aplicar maquillaje, comprobar en múltiples ocasiones la propia imagen en un espejo...). Perfeccionismo, realización de excesivo ejercicio físico, someterse a cirugías estéticas, restricciones extremas de dieta.
  • Síntomas de trastorno depresivo mayor y/o ansiedad.
  • Aislamiento social autoimpuesto. Pensando o imaginando la actuación de los demás frente a los defectos. Evitación de ciertos lugares o en ciertos momentos, no ir a gimnasios o solamente salir de noche.
  • Baja autoestima. Inferioridad. Vergüenza.
  • Comparaciones obsesivas con los demás.
  • Bajo rendimiento laboral o académico. Falta de concentración.
  • Problemas para iniciar o mantener relaciones de amistad o pareja.

Cuando la vida cotidiana se bloquea o se ve interferida, se vuelve necesario intervenir. La terapia cognitivo-conductual, en este caso, se basa principalmente en la reestructuración de los pensamientos y la percepción y la eliminación de esas conductas ritualizadas o de seguridad y ha demostrado ser eficaz para reducir el malestar que acaba provocando este trastorno.
Vivimos en una época en la que el bombardeo de cuerpos y rostros "perfectos" combate con el de la defensa de cuerpos y rostros "reales". Sin embargo, el ideal de belleza en la sociedad lo decidimos entre todos, a lo largo de la historia ha cambiado cientos de veces, y, en realidad, individualmente, cada uno tiene el suyo en cada momento de su vida.

Javier Rodríguez


“La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora”

J.Ortega y Gasset

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