viernes, 16 de diciembre de 2016

Método Reggio Emilia, una nueva filosofía educativa.

El metodo Reggio Emilia es una filosofía educativa qué defiende una metodología innovadora centrada exclusivamente en las necesidades de la infancia. Las inquietudes e intereses de los niños/as son la prioridad en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
El éxito de esta experiencia es el fruto de un pacto social, con el apoyo de las instituciones políticas. Este método es un referente para la educación infantil a nivel mundial
¿Donde nació?
Esta metodología nació en una Región del Norte de Italia llamada Emilia Romagna, en concreto en Reggio Emilia. En  1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, los habitantes del pueblo crearon la primera escuela sin apenas recursos.
¿En qué se basa?
La Metodología Reggio Emilia se basa, según afirmaba Loris Malaguzzi, en que las ideas surgen a partir de experiencias reales que originan consecuencias reales.El Método Reggiano es mucho más que llevar el arte a las aulas. Es un método de enseñanza vivencial que tiene que ver con el compromiso de todos los miembros de la comunidad educativa en la enseñanza de los niños, para conseguir que estrechen lazos de comunicación con el mundo.El papel del docente es escuchar al alumno, dejarlo que lleve la iniciativa y guiarlo de una manera productiva. Es una metodología que orienta y potencia la capacidad intelectual de cada niño/a. El alumno/a se compromete en proyectos a largo plazo que se desarrollan en un ambiente relajado, saludable y lleno de amor.El bienestar del niño/a es considerado muy importante para que pueda aprender. Así, deben tenerse en cuenta los derechos de los niños/as no solo sus necesidades.
Principios fundamentales
Esta metodología se basa en 12 principios fundamentales a partir de los cuales se rige el proceso de enseñanza-aprendizaje:
  • La importancia de las relaciones humanas. El punto está en que el sentido social (en términos de comunidad y cooperación) se fortalece en la escuela al asumirse roles diferentes por los cuales niños y adultos se complementan, en lugar de mantener la verticalidad tradicional de las escuelas comunes.
  • La teoría de los 100 lenguajes de los niños. Los adultos reconocemos inmediatamente el lenguaje verbal como medio de comunicación principal. Quizá, algunos otros puedan pensar en el lenguaje gestual como medio habitual. Pero...?de cuántas maneras puede expresarse un niño? ¿Somos los adultos capaces de comprender o darnos cuenta de que existen muchas formas de comunicación? Las escuelas Reggio Emilia reconocen, valoran y utilizan los diversos códigos comunicativos y formas de pensamiento presentes en los niños debido a su posibilidad de concebir una pluralidad de alternativas.
  •  La práctica de la escucha. Se trata de vencer la relación tradicional vertical entre el niño y el adulto para realmente detenerse a ESCUCHAR lo que dice el otro tanto mediante palabras como por sus acciones, gestos, dibujos.  Así, el adulto se convierte en alguien que quiere aprender de los alumnos.
  • La valoración de la diversidad y de la complejidad. Aquí la frase ''cada persona es un mundo'' pasa a la práctica porque se comprende que la concepción homogeneizadora de la enseñanza no cabe en la realidad porque ella es heterogénea. Entonces, la cercanía a un mundo real debe aceptar la diversidad y la complejidad de la interacción de las diferencias. ¡En la variedad está la riqueza!
  • La participación de las familias y la sociedad. La labor educativa, como sabemos, no es simplemente labor de los educadores formales ni acaba con los horarios de clase. Los padres y madres de familia y demás miembros de la sociedad deben participar y asumir un rol educativo que les corresponde. Es la unión de las partes la que ofrece una educación buena e integral.
  • La escuela colaborativa y comunitaria. Una escuela no es un espacio cerrado, todo lo contrario. En Reggio Emilia la escuela está abierta a la comunidad y colabora con ella. Todos (profes, alumnos, padres, demás personal, vecinos, familias...) son parte de la escuela, todos la conforman, por tanto todos colaboran con el desarrollo de la vida escolar.
  • La formación de los educadores. Los educadores no son simplemente quienes llenan los jarros vacíos, sino que son seres conscientes de su importante papel en el desarrollo humano de los peques. Por eso no se habla simplemente de capacitación, sino de formación continua, es decir, la adquisición de conocimientos y renovación profesional constante.
  • El atelier y el atelierista. El arte es un aspecto ''fundamentalísimo'' en Reggio Emilia. No se trata solo de una educación artística manual, sino de educar el sentido estético, la creatividad, la investigación visual, la atención al arte, la creación propia, y valorarlo como se merece. Por ello, sus aulas incluyen un taller de arte donde encuentran miles de materiales con los que imaginar, crear, explorar, manipular y hacer.
  • La documentación del desarrollo del niño. Lo común en los sistemas evaluativos actuales es el registro de un número o letra que designa los aprobados y suspendidos sin ser conscientes de la historia del niño. Y es que un niño con habilidades verbales pero no matemáticas probablemente no tenga los mismos resultados en términos cuantitativos, sin embargo, el progreso que haya desarrollado desde su punto de inicio puede ser mucho más importante y significativo que el de otros. Es decir, es probable que el niño aprendiera y se desarrollara más que otros para quienes simplemente siempre les fue sencilla la materia. El fin de Reggio Emilia es la comprensión del niño y no la traducción de lo cualitativo en una nota.
  • El redescubrimiento de la creatividad. Bajo este enfoque, la creatividad es concebida como un rasgo de cualquier persona, ya que no es una cuestión meramente artística o inspiracional, sino una facultad desarrollable. Por ejemplo, al resolver un problema matemático lo típico es que se aluda a una vía de solución que al final todos tendrán en sus cuadernos. Sin embargo, incluso para las ciencias exactas, existe más de una solución posible... y a la persona a la que se le ocurrió esa manera diferente de resolver un problema lo llamamos genio, pero lo que realmente ha hecho es manifestar su creatividad.
  • La calidad del espacio y el ambiente. No se trata solo de que la decoración del lugar permita al pequeño sentirse cómodo, acogido y dispuesto al aprendizaje, sino de algo más: amueblar, distribuir y utilizar elementos que faciliten el aprendizaje porque son útiles para ello, como lo es la distribución en rincones.
  • La importancia de las experiencias y el respeto para el niño. En Reggio Emilia, gracias su trabajo por proyectos, el niño puede aprender de sus propias experiencias partiendo de sus necesidades, características e intereses.

El rol de maestros y familia:
El rol que ejerce el docente es de guía, y a través de la observación y la escucha del niño, lo hace de una forma productiva, dejando que el pequeño tome la iniciativa. El papel de la familia también es relevante, participando de forma activa en el proceso educativo de la escuela y siendo consciente de como los niños y niñas van trabajando y evolucionando. Existe una gran conciencia de equipo, y maestros y familias comparten lo que van descubriendo de sus pequeños y pequeñas para crear los proyectos, que se profundizan  mediante una reunión semanal del personal. 

¿Cómo son las aulas de la Metodología Reggio Emilia?
Se presta especial atención al espacio físico que debe ser acogedor para propiciar un clima de comunicación y relación de todos sus miembros.
Las aulas están decoradas por objetos creados por educadores, alumnos y padres. Las paredes son blancas para dar más sensación de calma y, se usan para hacer exposiciones de las obras realizadas por niños y adultos.
En cada aula debe haber 25 niños agrupados por edades y dos educadores. Los niños son motivados a trabajar en grupo para resolver problemas, jugar solos o compartir la diversión en grandes grupos.
—“El niño tiene cien lenguajes, cien manos, cien pensamientos, cien formas de pensar, de jugar y de hablar, cien siempre cien formas de escuchar, de sorprender, de amar, cien alegrías para cantar y entender”.— Louis Malaguzzi.

Juana María Córcoles.


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