sábado, 7 de enero de 2017

¿Se debe hablar con los niños sobre temas sexuales? ¿Cómo se puede hacer?

La educación sexual en los niños.
Muchos padres se preguntan cómo pueden dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema con los niños puede resultar complicado y es necesario encontrar el camino y la manera de poder hacerlo de forma natural.
Este proceso no deberá limitarse a serias conversaciones puntuales cuando los padres consideran que ha llegado el momento en que esa conversación debe tener lugar. Por el contrario, una buena educación sexual se basa en una actitud vital adecuada que permita a los menores hacer preguntas sobre el sexo cuando les surjan las dudas, puesto que es en ese momento cuando el niño o el adolescente está realmente motivado para prestar atención a la respuesta de sus padres.
Comencemos por el principio, definiendo qué es la sexualidad. La sexualidad se define como la forma en la que cada persona vive, siente y se expresa como persona sexuada, con un cuerpo sexuado'. Por lo tanto, hablamos de todo lo que tiene que ver con: el cuerpo y sus reacciones, con la afectividad y la expresión de emociones, con el placer y el deseo, con la necesidad de vinculación con las demás personas, con la autoaceptación y la autoestima, con la comunicación y con el desarrollo integral y sano de las personas. 
Después de definir la sexualidad pasaremos a citar varias dudas o curiosidades en función de la edad del niño y como poder resolverlas.
Niños de 0 a 2 años
Evidentemente, el niño no va a hacer preguntas a esta edad, por lo que más importante que lo que dicen los padres será lo que hacen ante las manifestaciones sexuales del pequeño. El bebé descubre el placer sexual a partir del contacto corporal con las personas que le cuidan, especialmente con la persona que lleva a cabo la función materna (que no siempre tiene que ser la madre). Las conductas que producen placer al niño son la succión y el tacto, por ello es importante que los padres permitan que el pequeño satisfaga estos deseos a partir de objetos adecuados para ello (que no tengan peligro si se llevan a la boca o se tocan), y que mientras mama o toma el biberón la madre le mire, acaricie, hable… Al final de los 2 años el placer lo consiguen a partir del control de esfínteres y los juegos relacionados con este hito. Los padres deberán facilitar estos juegos sin preocuparse de que se mojen o ensucien, y dejarles hablar de su pis y su caca, además de acompañar el control de estas funciones fisiológicas con frases como “muy bien, mi niño ya sabe pedir a mamá que le lleve a hacer pis”.

Niños de 3 a 5 años: primeras preguntas sobre sexo

Este pequeño charlatán e investigador que confunde realidad con fantasía tiene dos grandes preocupaciones sexuales: la diferencia entre sexos y el origen de la vida. Es la etapa de los por qué, que deben ser satisfechos por los padres. Es importante que cuando nos comuniquemos con niños de esta edad llamemos a las cosas por su nombre (por ejemplo pene en lugar de colita o vulva en lugar de rajita).
También podemos ayudarnos de láminas adaptadas a su edad para dar respuesta a la curiosidad de los pequeños, que nunca debe ser reprimida, pues esto les generará vergüenza y pudor.

Entre los 6 y los 9 años: naturalizar el sexo

A esta edad las preguntas son más elaboradas. La más frecuente es cómo se juntan el espermatozoide y el óvulo. En este caso, los padres deben responder claramente en qué consiste la relación sexual, sin olvidar los afectos entre los miembros de la pareja. La explicación debe ser sencilla, por ejemplo: los testículos son una fábrica de espermatozoides que viajan por unos tubos…
Si no lo preguntan, a esta edad aún no es necesario hablar de la anticoncepción. Y si el niño aún no ha hablado de sexo, los padres deberían buscar oportunidades cotidianas para sacar el tema de forma natural. 

Entre los 10 y los 12 años y los siguientes a la pubertad

Las preguntas sobre el sexo disminuyen porque a los adolescentes les da más vergüenza preguntar a los padres, lo que no significa que se haya reducido el interés por el sexo que, por el contrario, realmente ha resurgido de nuevo debido a los cambios fisiológicos que se experimentan a esa edad.
Un aspecto clave y que preocupa frecuentemente a los padres en estas edades tiene que ver con la masturbación, que ahora no es exploratoria como en etapas anteriores, sino que se emplea para la búsqueda de placer. Ante este hecho los padres deben respetar la privacidad del púber y, si tienen que hablar con su hijo por haberle descubierto masturbándose, deben ser naturales y normalizar la situación. Le pueden decir, por ejemplo, “es normal y simplemente debe ser una actividad privada, por lo que en otra ocasión cierra la puerta o hazlo en el baño”.
A esta edad los padres deben proporcionar la información que pudiera faltar sobre las relaciones sexuales al completo incluidas las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y los métodos anticonceptivos (por ejemplo si estamos hablando de los métodos de protección sexual se puede abrir un preservativo y enseñarlo).
Es importante que en esta etapa los menores tengan suficientes conocimientos sobre el tamaño del pene, eyaculaciones, erecciones, flujo vaginal, menstruación, etcétera. Y también es conveniente que los padres traten aspectos como el abuso sexual.
Tu actitud ante las dudas sexuales de tu hijo a lo largo de las etapas anteriores determinará en gran medida cómo se comportará éste a partir de la pubertad, dejándote fuera de su vida sexual, o preguntando sus futuras dudas y recurriendo a ti cuando así lo necesite. Para hablar de sexo con tus hijos, no lo dudes, es importante saber comunicarse

¿Cuáles son los objetivos?

El objetivo es que nuestros hijos e hijas aprendan a conocerse, a aceptarse y a expresar su erótica de modo que sean felices. 
o   Aprender que se conozcan: significa algo más que conocer que es la menstruación o las poluciones nocturnas. Implica conocer cómo somos y cómo funcionamos. Cómo reaccionamos ante las cosas, qué emociones tenemos y cómo las expresamos… También incluye conocer a los demás, y no sólo a los del sexo contrario sino conocer más del mío propio. 
o   Aprender a aceptarse: que estén a gusto con su cuerpo y su forma de ser y actuar. Que sientan que no hay nadie mejor o peor que ellos o que ellas en este aspecto. Que en sexualidad todo el mundo es único y peculiar y que todos los hombres son verdaderos hombres y todas las mujeres verdaderas mujeres. 
o   Hay muchas formas de expresar nuestros deseos y el afecto: palabras, miradas, abrazos, caricias, achuchones, halagos, mordisquitos. La erótica va variando a lo largo de las etapas de la vida. El coito es una forma más de expresar nuestros deseos, pero no la única.
o   Que sean felices, puede parecer un objetivo ambicioso, pero creo que como padres y madres, no podemos, ni queremos aspirar a menos.
Esta concepción de la sexualidad supone trabajar por lo que se quiere conseguir, no sólo por lo que se pretende evitar.


Errores en la educación sexual a los niños

1.      Información engañosa.  “Que los niños vienen de París” o “son traídos por la cigüeña” son ganas de distorsionar la verdad de forma tan grosera que difícilmente los padres conseguirán su confianza en otros temas. La información, tiene que ser verdadera pero también gradual: no podemos hablar lo mismo a un niño de tres años que a otro de nueve o de doce. Pero adaptarse a la edad del niño no implica que le mintamos. La educación sexual es incompatible con la mentira o la distorsión.
2.      Negación de la información. A veces, en el terreno de la educación sexual ésta ha sido la norma: no decir nada para que no se contamine, pero lo que se consigue, en la mayoría de las veces, es que se informen por amigos o compañeros y de forma no muy adecuada. El temor se ha cumplido: vivencia anómala de la sexualidad.
3.      Sancionar toda conducta sexual. Por ejemplo, cuando el niño es pequeño no hay que ridiculizar los tocamientos de los genitales, sino explicarle como es preciso que ciertas conductas se hagan en privado y que aprendan que su cuerpo “es suyo” y por lo tanto deberá evitar que otras personas se aprovechen de él. Una de las principales claves de una buena educación sexual es no unir sexualidad con “algo sucio” o “pecaminoso”. Y sobre todo hay que evitar transmitir la idea de que “el sexo es algo malo” y origen de enfermedades. Por esto, es un error transmitir, por ejemplo, que la masturbación provoca “que se seque el cerebro” o tiene el peligro de “volverse loco”.
4.      Lenguaje inadecuado. Los niños a partir de los 7 u 8 años suelen utilizar entre ellos términos coloquiales para referirse a los genitales, que en ocasiones están cargados de un gran sentimiento de culpa pues son consideras palabras “prohibidas” Es conveniente que los padres y educadores utilicen los términos técnicos de vagina y pene, pero lo que no excluye es que ocasionalmente puedan utilizar el mismo lenguaje de los niños para transmitir un clima de serenidad y desculpabilizador.
5.      Crear un clima de desconfianza e inseguridad. El tabú sexual de nuestra cultura puede provocar que no se hable de sexo pero además que se transmita la convicción de que la sexualidad es “algo que nos puede hacer daño”. Pero no debemos olvidar que un desarrollo adecuado de la sexualidad es como la piedra angular de todo el edificio de la personalidad del individuo: seremos más sanos mentalmente en tanto en cuanto el desarrollo de la sexualidad sea adecuado.
Consejos a los padres para hablar de sexo con sus hijos
Algunos de los consejos que deben seguir los padres a la hora de hablar de sexo con sus hijos son:
  • Informarse sobre las dudas sexuales que tendrán los niños a lo largo de su proceso evolutivo.
  • Atender las diferencias individuales a la hora de comunicarse con cada hijo (sexo, edad, personalidad…).
  • Considerar tanto las preguntas que hacen sus hijos, como sus comportamientos de exploración y curiosidad sexual.
  • Antes de dar una respuesta a sus preguntas, indagar sobre qué es lo que saben sobre el tema.
  • Ser sinceros con ellos y hablar con naturalidad, abiertamente, y sin prejuicios.
  • Responder cuando surge la duda por parte del niño, y no cuando a los padres les viene bien, y si en ese momento no pueden explicarle el porqué, decirle cuándo van a retomar la conversación.



Juana María Córcoles.

Colaboradora de Psycospirity.

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