lunes, 9 de enero de 2017

Síndrome de Heidi


El cuento de "Heidi", escrito en 1880 por la suiza Johanna Spyri, sirve de metáfora para lo que algunos expertos empiezan a considerar como el nuevo mal del siglo XXI: el Síndrome de déficit de Naturaleza. Para alguien acostumbrado a vivir en el campo, las grandes ciudades pueden generar ansiedad o claustrofobia, pero el síndrome que afecta a los niños parece atacar a un nivel más profundo: al desarrollo cognitivo y de comportamiento.
Hasta ahora, la situación se había descrito al revés. Varios estudios han afirmado que el contacto con la naturaleza ayuda a los niños con trastorno de déficit de atención por hiperactividad (TDAH) a mejorar sus síntomas. De hecho, las salidas al campo han sido el clásico remedio de las enfermedades psiquiátricas. Pero la nueva tendencia lo plantea de otra manera: el alejamiento de la naturaleza es la causa de los trastornos, incluido el que afecta a la salud física y mental a largo plazo de los niños.
Las señales de que un niño está 'alienado' van desde la hiperactividad hasta el ostracismo y la obesidad. Problemas cuyos diagnósticos ya se dan, pero que se suelen tratar por separado.
Realmente, no existe todavía un gran respaldo médico a esta nueva teoría, surgida de un libro que fue un éxito de ventas en EEUU. “Los Ultimos Niños en los Bosques: salvar a nuestros hijos del trastorno de déficit de naturaleza”, del periodista Richard Louv, recordó el profundo cambio que ha sufrido la infancia en los últimos tiempos.
 Hasta hace 30 años, dice Louv, los niños jugaban entre los árboles o en el campo. Hoy, muchos de ellos saben más que antes de especies amenazadas, pero la digitalización ha hecho que sus experiencias sean más virtuales que reales. En tanto que 9 de cada 10 niños pueden reconocer el robot de ciencia ficción llamado Dalek, la mitad no supo la diferencia entre una abeja y una avispa.
Para Louv no es una preferencia por la que opten los niños, sino casi una imposición de los padres: un 'clima de miedo' tiende a relacionar los espacios naturales con los peligros. Así, incluso cuando los niños pasan el rato al aire libre, los deportes disciplinados prevalecen sobre los juegos imaginativos de antaño.
El periodista, que durante 10 años entrevistó a todo tipo de familias, rurales y urbanas de EEUU, concluye que los niños de hoy ya no 'pueden' tener los pies llenos de barro, correr hasta horizontes lejanos, colgarse de un árbol o recrear mundos con lo que hay disponible en la naturaleza. En sólo dos generaciones, la infancia ha perdido su legado más preciado: el juego que se inventó hace decenas de miles de años.

Este síndrome afecta a niños de corta edad y además de afectar a la salud mental y perjudicar el rendimiento cognitivo, los niños tienden a engordar.

MªCarmen Martínez 

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