miércoles, 11 de enero de 2017

Teorías neuroquímicas de la depresión.

Estas teorías que vamos a desarrollar hoy, constituyen los modelos más aceptados actualmente como etiología de los trastornos afectivos, y en ellos se basan los modelos farmacológicos. Las más importantes: la hipótesis monoaminérgca (Que supone un déficit sobre todo de NA (noradrenalina) y 5HT (serotonina) en la depresión), y las hipótesis serototinérgicas.



  • La hipótesis monoaminérgica: 
Al igual que sucede con la esquizofrenia, la principal hipótesis neuroquímica de la depresión parte de la observación de cuáles son los fármacos más eficaces para combatirla. Tanto los IMAOS como los antidepresivos tricíclicos y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son agonistas de las monoaminas, lo que hace pensar que en la depresión hay un déficit de actividad monoaminérgica. Los dos neurotransmisores más implicados serian la noradrenalina y la serotonina, ya que las anfetaminas, que son agonistas principalmente de la dopamina, sólo tienen efectos euforizantes breves.
Pero existen otras pruebas de que hay un déficit de monoaminas en la depresión: la reserpina es un fármaco para la hipertensión, que funciona como antagonista monoaminergico (impide que las monoaminas se almacenen en las vesículas sinápticas): pues bien, entre sus efectos secundarios está la depresión. Y además algunos estudios señalan que en personas deprimidas los receptores monoaminérgicos estarían regulados al alza. 
Por último, otro de los tratamientos eficaces para los trastornos afectivos (tanto depresión como manía) es la terapia electroconvulsiva (TEC). Algunos autores consideran que los efectos terapeuticos de la TEC induce la liberación de monoaminas. Por último, la estimulación magnética transcraneal (EMT) (otra alternativa terapéutica para la depresión con menos efectos secundarios que la TEC) probablemente es eficaz porque influye en el metabolismo de las monoaminas.
  • La hipótesis serototinérgica:
Otro modelo sobre la alteración neuroquímica en la depresión propone que su causa es un déficit de serotonina, y que la noradrenalina tendría una importancia secundaria. Un dato que lo apoya es que los ISRS, que son los fármacos mas utilizados actualmente, funcionan específicamente como agonistas sólo de la serotonina, y son muy eficaces para la depresión.
Otro dato que apoya esta hipótesis es que se han encontrado niveles anormalmente bajos de metabolitos de serotonina en el líquido cefalorraquídeo (LCR) de pacientes deprimidos (los metabolitos serian los "fragmentos" que quedan tras haber metabolizado la serotonina, por lo que son un buen indicador de cuánta serotonina se está produciendo y liberando). También aparecen niveles por debajo de lo normal en personas sanas que tienen familiares cercanos con antecedentes de depresión. Se observó, por último, que cuanto menores eran los niveles de estos metabolitos en LCR mayor era el riesgo de suicidio de los pacientes.
Y la última prueba para esta hipótesis se refiere al procedimiento de reducción de triptófano. Este procedimiento consiste en administrar a lo sujetos una dieta libre de triptófano, y controlar además que el poco triptófano previo que hubiese en el organismo no pudiera llegar al cerebro. El triptófano es el precursor de la serototnina, por tanto, eliminar el triptófano supone impedir la síntesis de serotonina (5HT).
Se aplicó el procedimiento de reducción de triptófano a pacientes deprimidos que estaban teniendo una buena respuesta al tratamiento con antidepresivos (tricíclicos y ISRS), y se observó una recaída inmediata en los síntomas. Es decir, si no se podía producir serotonina, los fármacos perdían toda su eficacia. Se observó también que el procedimiento de reducción de triptófano no tenía efectos sobre el estado de ánimo en sujetos sanos, a menos que tuvieran antecedentes familiares de depresión.
Por último decir que todas estas pruebas pueden utilizarse también a favor de la hipótesis monoaminérgica, ya que la serotonina es una monoamina.
  • La hipótesis permisiva de la serotonina:
Esta hipótesis da un paso más allá en la importancia que se le atribuye a la serotonina en los trastornos afectivos. El hecho de que la serotonina esté muy distribuida en el cerebro, y de que además se libere en grandes regiones además de en sinapsis específicas hace pensar que tiene un papel muy importante en el cerebro. La propuesta de la hipótesis permisiva es que la serotonina no sería un neurotransmisor más, sino que cumpliría la función de controlar y mantener equilibrados los niveles de catecolaminas (DA yNA). De manera que si la actividad serototinérgica es insuficiente, las catecolaminas se descontrolarían; si la bajada de serotonina tuviese como consecuencia un exceso de actividad catecolaminérgica, aparecería un episodio maniaco; y si su consecuencia es un déficit de catecolaminas, se produciría la depresión. Esto aclararía también por qué los agonistas serototinérgicos, como los ISRS son eficaces para tantos cuadros distintos.
  • La hipótesis colinérgica:
Fue propuesta por Janowsky (1972), y plantea la importancia del equilibrio entre los niveles de acetilcolina y noradrenalina para mantener la eutimia. De tal manera, que en la depresión existiría un predominio colinérgico frente al noradrenérgico, y en la manía, un predominio de noradrenalina sobre la acetilcolina.
  • Otras hipótesis neuroquímicas:
Podría haber otras sustancias químicas con función neurotransmisora alteradas en los trastornos afectivos. Se ha propuesto, por ej, una alteración en los opiáceos endógenos, sobre todo las endorfinas, cuya actividad estaría disminuida en la depresión y aumentada en la manía. A esta hipótesis se la conoce como la hipótesis neuropeptídica. Tanto la administración de naloxona (que es un antagonista opiáceo) en maníacos producen mejorías espectaculares en el estado de ánimo (lo eutimizan, tanto en la manía como en la depresión), pero estos efectos son de corta duración. Pueden prolongarse un poco si el fármaco se administra por inyección intratecal (en el espacio subaracnoideo de la médula), pero aún así no se utilizan estos métodos para el tratamiento.
Otra propuesta sería la de la hipótesis de la disregulación, que señala que el problema no estaría tanto en los niveles de producción y liberación de los neurotransimores, sino en que estos dejarían de funcionar atendiendo las demandas de la actividad que realizase el sujeto, o de las situaciones del entorno, sobre todo la noradrenalina.
Por último, en los últimos años se está investigando a propósito de la sustancia P, uno de los transmisores implicados en las sensaciones de dolor. Se ha observado que los antidepresivos eficaces disminuyen la concentración de la sustancia P en el encéfalo, y esto ha llevado a experimentar con antagonistas de esta sustancia como fármacos antidepresivos. Aunque aún se está investigando, parece que podrían ses tan eficaces como los ISRS, que incluso podrían tener menos efectos secundarios.

Anaís Martínez Jimeno.

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