miércoles, 24 de mayo de 2017

El papel de la familia en el cuidado de los adolescentes tras un incidente crítico.

Tras un incidente crítico, como puede ser un atentado terrorista, en dónde la vida de adultos, adolescentes y niños corre peligro, podemos llegar a plantearnos qué podemos hacer si esto nos sucede a nosotros, 
¿qué puedo hacer si mi hijo es víctima de algo así para que no llegue a desarrollar ninguna patología mental, como pudiera ser un Trastorno de Estrés Agudo, o en el mayor de los casos un Trastorno de Estrés Postraumático?
Pues bien, hoy desde PsycoSpirity os vamos a dar unas pautas de afrontamiento para los familiares de adolescentes.
El modelo para abordarlo de forma integral consta de 4 pasos que se retroalimentan entre sí:


La mayoría de ñas crisis, ya sean cotidianas o masivas, afectan a familias enteras. Cuando estas familias tienen hijos de edades comprendidas entre los 0 y 12 años. es crucial implicar a los progenitores y/o cuidadores principales en la aplicación de los primeros auxilios psicológicos (PAP),
Los beneficios de hacerlo asi son obvios, tanto para las familias como para los menores:

  • Mayor efectividad: los progenitores y/o cuidadores principales son las personas de referencia, por ello, generan la mayor sensación de seguridad.
  • Reduce la ansiedad de la familia: a menudo, no saben qué hacer o temen hacer algo mal.
  • Minimiza el riesgo de abandono: a veces, los progenitores y /o cuidadores principales están tan afectados por lo que acaba de ocurrir, que no pueden (o creen que no pueden) cuidar a sus hijos. Implicarles en la aplicación de los PAP significa ayudarles en este cuidado.
Pero esa implicación de las familias topa con diversos obstáculos culturales, sociales y de capacidad de respuesta real de las propias familias que no podemos obviar, como son:

  • El estado de shock y afectación de los cuidadores principales: Los cuidadores principales necesitan tiempo para reaccionar- A menudo les cuesta procesar y aceptar lo ocurrido.
  • La confusión entre solidaridad y sobreprotección: la familia y los amigos, a menudo, por ayudar, tienden a cuidar a los niños en lugar de a los cuidadores principales.
  • La actitud de la familia extensa: Con la mejor intención, tratan de tomar decisiones e imponer sus criterios. Esa actitud aumenta la sensación de pérdida de control por parte de los progenitores.
  • La tendencia a apartar a los niños de los incidentes: Duele que los niños sufran, por eso la tendencia a apartarlos de lo que ocurre. Sin embargo, los niños lo sienten diferente: les da la sensación de que no cuentan en el seno de la familia.

¿Qué cambio conceptual implica este modelo?


  • Hasta los 12 años: Los adultos no sólo informan y normalizan la situación, sino que intervienen de forma activa en la regulación de las emociones de los niños, ya que éstos aún no son capaces de hacerlo por sí solos.
  • Después de los 12 años: Los adultos siguen informando y normalizando, pero intervienen mucho menos en la regulación de las emociones debido a dos motivos: (1) Los propios adolescentes comienzan a tener un control sobre las emociones. (2) El grupo de iguales asume una parte de las tareas que antes tenían los adultos de forma exclusiva.

Cómo implicarse como familia (si usted forma parte de ella:

  • Olvide al niño "pequeño" que aún creía tener ayer y descubra al "joven" que tiene hoy frente a usted.
  • Trátele de igual a igual: usted también está asustado y triste. Tampoco sabe qué hacer.
  • Si ambos están mal recurran a ayudarse y apoyarse mutuamente, en lugar de a "educar". Les ayudará a los dos.
  • Asuma que usted sigue siendo importante, aunque el adolescente más bien parezca decir lo contrario.
  • Pero no le invada ni le atosigue: el adolescente recurrirá a usted cuando lo necesite. Ni un minuto antes. 

Como ayudar a una familia con hijos adolescentes a implicarse: 

  • Muestre comprensión y ofrezca un espacio para que la familia exponga su frustración.
  • Subraye el hecho de que las relaciones quizá tensas de la etapa adolescente no cuestionan el vínculo: son una forma de crecer. 
  •  Trate de centrarse en las dudas y dificultades concretas en una familia determinada: en esta etapa es posible entenderse, aunque a veces no lo parezca.
  •  Trasmita respeto: por lo difícil que es afrontar una crisis, por lo complicado de la etapa. por las necesidades y dificultades del adolescente.

 ¿A qué prestar atención?


  1. No culpabilizar
  2. No restar ni limitar la autonomía
  3. Respetar diferencias culturales
  4. Tener en cuenta aspectos religiosos
  5. No apartar a nadie.

Pasos a realizar:

 1. Contener: 
  • Tratar que las emociones no se desborden. 
  • Lograr un equilibrio entre la ventilación emocional y el control racional. 
  • Dejar cierto espacio para que puedan estar solos ( a esta edad suelen comenzar a averguenzarse de las emociones), pero no excesivo.
2. Calmar: 
  • hablar en voz pausada y serena. 
  • Ofrecer motivos y razones que le ayuden a tranquilizarse. 
  • Recordar alguna situación previa, en la que pudo controlar sus miedos. 
  • Permitirle distraerse viendo la televisión, jugando con amigos, etc...
3. Informar:

  •  Usar un lenguaje adultos, pero sencillo. 
  •  Responder con claridad y sin evasivas a sus preguntas.
  •  No dar más información de la que se nos pide, pero invitar a formular más preguntas.
  •  Si no quiere saber nada, estará evitando el dolor. Es importante retomar el tema al día siguiente
  • Si el incidente ha comportado la muerte de alguien, abordar el tema de forma directa, sin rodeos.
4. Normalizar:

  • Animar al preadolescente a expresarse, pero sin forzarse a ello.
  • Tampoco obligarle a hablar: posiblemente prefiera estar con amigos.
  • Explicarle que hay muchas formas de estar triste y de "llorar sin lagrimas" y que a veces el mal humor es una de ellas. 
  • Explicarle que no es necesario estar triste todo el tiempo, si ha habido una muerte en la familia. 
5. Consolar:
  • Permitirle participar en los rituales de despedida
  • Animarle a explorar qué actividades les ayudan a estar mejor y a realizarlas.
  • Permitirle volver a la escuela y a las actividades habituales.
  • Fomentar el contacto y el tiempo con su grupo de iguales.

¿Qué reacciones podemos esperar?

  • Aislamiento, hiperactividad, irritabilidad.
  • No muy buena comunicación con los adultos. La más importante va a ser con su grupo de iguales.
  • Mal humor como expresión de tristeza, agresividad, posibles conductas de riesgo (como beber alcohol, tomar drogas...).
  • Diicultades de concentración y rendimiento en el colegio, absentismo, conductas disruptivas.
  • Trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia), cambios en los hábitos alimentarios o trastornos de la alimentación.

Para saber sobre posibles respuestas a eventos traumáticos, véase Trastorno de Estrés Agudo y Trastorno de Estrés Postraumático.  

Cualquier duda que tengáis, escribirnos a psycospirity@hotmail.com

Anaís Martínez Jimeno.


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