miércoles, 10 de mayo de 2017

Por qué no debes dejar que el profesor de tu hijo lo trate como un inútil.


A día de hoy, siguen existiendo esos profesores (aunque parezca mentira), que tratan a sus alumnos de manera desigual. Esta claro que tienen preferencias, ya sea porque personalmente encajan más o porque resalten académicamente. 
Pero, ¿Qué hacer con esos niños que no sobresalen academicamente tanto como los demás?
Hay muchos profesores que lo tienen claro: decirles día si y día también lo mal que se les da, lo "poco" que estudian (sin saber si de verdad ese alumno ha estudiado o no), y el menospreciar el esfuerzo que ellos hacen, por pequeño que sea.

Hay quienes estudian muy poco, y sacan muy buenas notas, los que estudian muchísimo y alcanzan el 5 por los pelos, y los que se esfuerzan y no consiguen aprobar. Una nota en un examen, nunca debe de ser el baremo que se utilice para saber si un niño se ha esforzado o no, porque no es objetivo y porque para alcanzar esa nota median miles de variables más.

Hay un concepto, que se llama  profecía autocumplida o "efecto pigmalión" y consiste en que cuando tenemos una creencia firme respecto a alguien (el caso de que un profesor piense que un alumno es un inútil), acaba cumpliéndose.
¿Por qué?
Porque nuestra conducta intenta ser coherente con las creencias que sostenemos (estén fundadas o no).

Si un profesor le hace saber a su alumno que no sirve para estudiar, no se va a esforzar en hacerlo, y al contrario, si un profesor le hace creer a un alumno que es el mejor de todos, éste le demostrará que lo es, esforzandose al máximo.
Estos alumnos, al ser tratados de un modo distinto, responden de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores y proporcionando las respuestas acertadas con más frecuencia. Si esto se hace de una forma continuada a lo largo de varios meses, conseguirán mejores resultados escolares y mejores calificaciones en los exámenes.


Esto es lo que se vio en un estudio de la motivación humana que realizó David C. McClelland ”, en el cual se encuentra un epígrafe dedicado al efecto Pigmalión. En este apartado se explica que Rosenthal (1966) demostró como las expectativas o sesgos de un investigador influía en el comportamiento de los sujetos estudiados, independientemente del contexto o ámbito en que la investigación se llevara a cabo. Esta investigación la llevó al ámbito educativo, junto con Jacobson en el libro Pygmalion in the Classroom, donde se encuentran resumidamente, las conclusiones anteriormente expuestas. 

McClelland expone un estudio sobre un caso del ámbito escolar en el que se realizaron test de capacidades a alumnos negros del casco urbano de entre 7 y 11 años y del segundo al quinto grado. Una vez evaluados dichos test se les comunicó a los profesores que una mitad de cada clase, elegida al azar, era muy brillante mientras que de la otra mitad se dieron los resultados reales. Los resultados de esta investigación fueron que la mitad de las clase que se habían considerado más capacitados obtuvieron un progreso mayor al final de curso, siendo elegidos al azar, que la otra parte de la clase cuyos resultados comunicados al profesorado eran reales. También se observaron diferencias de rendimiento de un grado a otro. Como conclusión, McClelland defiende que, al considerar los profesores más inteligentes a ciertos estudiantes, éstos tienden a rendir más.

Por lo que, jamás de los jamases, debemos permitir que un profesor trate desfavorablemente a sus alumnos. 
Si ven que tienen un problema con las calificaciones, mejor será que se lo comuniquen a los padres, al orientador del centro e intenten ayudar para que ese alumno mejore. Pero nunca, tratarlos como incapaces.


Anaís Martínez Jimeno.


No hay comentarios:

Publicar un comentario