jueves, 13 de julio de 2017

Adicción al trabajo

El término workaholic fue acuñado en 1971 por el psicólogo estadounidense Wayne Oates en un libro en el que hacía referencia a su propia adicción al trabajo, en una analogía con la dependencia del alcohol
La adicción al trabajo se define como la implicación excesiva y progresiva de la persona en su actividad laboral, sin control ni límite, y abandono de actividades que antes realizaba.
Este exceso de implicación no se explica por necesidades laborales objetivas, sino por necesidad psicológica de la persona afectada. Comprende a aquellos trabajadores que, de forma gradual, pierden estabilidad emocional y se convierten en adictos al control y al poder, en un intento por lograr el éxito.

Es una de las adicciones comportamentales más aceptadas y justificadas socialmente y el laboradicto tiende a negar su problema. Generalmente son personas perfeccionistas.

No hay una definición médica para tal condición, emparentada con el síndrome de burnout (síndrome del quemado). Sin embargo, algunas formas de estrés y el trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva pueden estar relacionados con el exceso de trabajo. Aunque el término workaholic tiene una connotación negativa, se usa a veces para personas que expresan fuerte motivación hacia una carrera u oficio.

 Detrás de la adicción puede haber rasgos de la personalidad muy diferentes. Entre ellos destaca, por un lado, a los individuos muy ambiciosos que desean poder, dinero y reconocimiento. Por el otro, a las personas muy inseguras que se refugian en el trabajo para tapar deficiencias en su vida personal.

Los síntomas de la persona adicta al trabajo pueden agruparse por tres grandes sistemas de respuesta:
  • Cognitivos: ansiedad e irritabilidad, tristeza, necesidad creciente de trabajar más y dedicarle más tiempo al trabajo, preocupaciones relacionadas con el rendimiento laboral de forma persistente, agobio, etcétera.
  • Fisiológicos: estrés, insomnio, dolores de cabeza, tensión muscular, disfunciones sexuales… A largo plazo estos síntomas pueden dar lugar a trastornos psicofisiológicos como la hipertensión, así como fomentar el consumo de sustancias poco recomendables.
  • Motores: aparece una necesidad imperativa de llevar a cabo muchas tareas, no olvidando ningún aspecto de las mismas. Son incapaces de no trabajar, dejando por ello de lado amigos y familia.
Existen tres tipos de adictos al trabajo:
  • Complacientes: se caracterizan por ser menos ambiciosos y más sociables que los otros adictos. Para ellos la aprobación del jefe y de los compañeros de trabajo es de gran importancia. Se callan sus problemas y tienen más posibilidades de caer en una depresión.
  • Controladores: son independientes y ambiciosos, y odian perder el control. Cuando descienden en su rendimiento laboral, se vuelven ansiosos e irritables.
  • Narcisista controlador: su personalidad está desequilibrada y, en situaciones de tensión, puede llegar a la despersonalización (sensación de no ser uno mismo, de no conocerse a sí mismo) y a la desrealización (sensación de estar fuera de la realidad, de ver y experimentar lo circundante como un sueño). Son egocéntricos. 
La terapia más eficaz es la Terapia Cognitivo-Coductual sola o acompañada con tratamiento farmacológico en los casos que así lo requieran.
Se debe trabajar en establecer un contrato terapéutico en el cual se debe realizar un inventario de uno mismo, un análisis en profundidad de la trayectoria vital, establecer un programa de actividades alternativas que tendrá que cumplir obligatoriamente, aprender a manejar el ocio, reducir, de forma paulatina, las horas que se dedican al trabajo, priorizar lo urgente y lo que no lo es tanto, entrenarse en técnicas de relajación, y cambiar las actitudes, confrontando las ideas erróneas sobre el perfeccionismo y el éxito.

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 MªCarmen Martínez


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