lunes, 19 de noviembre de 2018

Trastorno del desarrollo de la coordinación o trastorno específico del desarrollo motor:

En 1907 E. Dupré describe un trastorno al que denomina debilidad motriz, que se caracteriza por la presencia de una torpeza en la motilidad voluntaria (manifiesta a través de gestos poco finos, y movimientos torpes y burdos, además de adoptar una posición corporal inestable), sincinesias (movimientos que implican grupos musculares que normalmente no se ven afectados por un gesto determinado, por ejemplo en el gesto de saludar con una mano se mueven las dos o la mano y la boca), Y paratonía (una alteración en el tono muscular, siendo difícil conseguir la relajación). 
Junto a estos síntomas pueden aparecer alteraciones en el esquema corporal y de la representación espacial. Dupré consideraba que la alteración era producto de una detención en el desarrollo del sistema piramidal.


Un cuadro con el que no estaban claros los límites en relación a la debilidad motriz, son las dispraxias infantiles, que se caracterizan por profundas perturbaciones en la organización del esquema corporal y en la representación temporoespacial, se trata de niños que se muestran incapaces de llevar a cabo determinadas secuencias gestuales como anudar los zapatos o abrocharse una camisa, o secuencias rítmicas. 

Actualmente se considera que puede haber una relación con una alteración en la integración de la información sensorial.


CRITERIOS DIAGNÓSTICOS:

- Habilidades de coordinación sustancialmente por debajo de lo esperado para la edad y oportunidades de aprendizaje. Lo que puede manifestarse por:


  • Retrasos significativos en la adquisición de hitos motores.
  • Caérsele los objetos de las manos.
  • Torpeza.
  • Mal rendimiento en deportes.
  • Caligrafía deficiente.
- Los déficits interfieren significativamente las actividades de la vida cotidiana.
- El inicio es en el período temprano del desarrollo.
- Los déficits no se explican por discapacidad intelectual, y no es atribuible a condición neurológica.

EPIDEMIOLOGÍA, CURSO Y ETIOLOGÍA
Se ha estimado que su prevalencia se sitúa en torno a un 6% de los niños entre 5 y 11 años de edad. Parece que afecta más a los chicos que a las chicas en una proporción de 2 a 1.
El curso suele ser muy variable, pudiendo llegar a mantenerse durante la adolescencia y la vida adulta. En muchos casos los niños encuentran estrategias para compensar sus dificultades. Parece existir una relación entre una mayor capacidad intelectual y un mejor pronóstico.
La etiología (el modelo explicativo) permanece desconocida, entre las hipótesis que se manejan se incluyen problemas perinatales (como sufrir hipoxia), malnutrición, problemas en ele stablecimiento de la dominancia cerebral, un retraso en la maduración cerebral, anormalidades bioquímicas en el cerebro. Posibles problemas en la integración de la información recibida por los diferentes sentidos. Sin embargo, actualmente no contamos con la información necesaria para confirmar ninguna de estas hipótesis planteadas. 
parece que la práctica de ejercicios de la coordinación del ritmo, y de ejercicios motores puede ayudar a un mejor desarrollo del trastorno. 

Anaís Martínez Jimeno

Graduada en psicología por la UNED


PSICOLOGÍA CLÍNICA INFANTIL. CEDE.

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