sábado, 23 de septiembre de 2017

EL “AMOR” EL LOS TIEMPOS DE LAS REDES SOCIALES

Actualmente, las conductas violentas, más o menos sutiles, en las relaciones de pareja jóvenes están cobrando una gran relevancia en nuestro entorno, no sólo por su alarmante tasa de prevalencia y sus consecuencias en la salud física y mental de las víctimas, sino también porque se producen en una etapa de la vida en la que las relaciones sentimentales están empezando y donde se aprenden pautas de interacción que pueden extenderse a la edad adulta.

Muchos adolescentes y jóvenes no prestan la atención debida a la violencia contra la pareja por creer que se trata de un problema que afecta a parejas adultas de una larga evolución y que no constituye una amenaza para ellos en las primeras fases de la relación. Sin embargo, durante el noviazgo son muchas las parejas jóvenes que ya se enfrentan a situaciones anómalas de violencia que poco tienen que ver con el amor o con las expectativas de una relación en sus inicios. De hecho, la violencia suele instalarse en las relaciones de forma gradual, es decir, no suele surgir habitualmente de forma espontánea durante el matrimonio o cuando las relaciones son ya estables.

Generalmente la violencia empleada por los jóvenes suele plantearse de un modo sutil, en forma de maltrato emocional (actitudes de hostilidad o menosprecio, amenazas, humillaciones, celos exagerados y conductas de control), lo que hace que muchas veces la víctima no se considere a sí misma maltratada. Al mismo tiempo, la interiorización de los roles tradicionales de la mujer y la excesiva idealización del amor pueden contribuir al desarrollo de algunas ideas disfuncionales sobre el amor y las relaciones de pareja, de modo que determinados comportamientos inadecuados sean percibidos como síntomas de amor y preocupación por la pareja.
De hecho, el presente año se ha publicado un estudio elaborado por el Ministerio de Sanidad para conocer cómo perciben la violencia de género los adolescentes y jóvenes y los resultados arrojados de dicho estudio han sido que el 33% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años, es decir, uno de cada tres, considera inevitable o aceptable, en algunas circunstancias, controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus familias o amistades, no permitirles que trabajen o estudien o decirles lo que pueden o no pueden hacer. El estudio advierte también de que la gente joven tiene una mayor tolerancia a estas conductas que la población en general.
Una de las razones que podría explicar esto es que, debido a las nuevas tecnologías (los móviles y las redes sociales) han aumentado mucho las posibilidades de control y son los jóvenes los que más las utilizan. Otra posibilidad es que a estas edades, que están en la fase del enamoramiento, se puede extremar el mito del amor romántico en el cual está latente la idea de que por amor hay que estar dispuesto a darlo todo, que los celos forman parte de éste y que formar una pareja conlleva anular la individualidad de la persona. Además, mucha de la información que interiorizan los jóvenes hoy en día es a través de la televisión, Internet, sus series y canciones favoritas y lo cierto es que en la mayoría de éstas se reproducen pautas de control propias del “amor romántico”.

Respecto a la permanencia en la relación en los casos de las parejas jóvenes en los que está presente la violencia, ésta podría explicarse por una cierta inmadurez emocional de la víctima, por la convulsión pasional del noviazgo, que puede nublar la razón en algunas circunstancias, por las expectativas idealizadas del amor y de una pareja estable y por los sesgos cognitivos en relación con la pareja, así como por la presencia de creencias y actitudes conservadoras sobre los roles tradicionales y modelos sexistas para disculpar la violencia.
Por su parte, la dependencia emocional también es un factor que debemos tener presente en estos casos, siendo éste un obstáculo a la hora de romper la relación de pareja. La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que un sujeto siente hacia otro a lo largo de su relación de pareja. Las personas con dependencia emocional poseen una baja autoestima y un tremendo miedo a la soledad y son muy susceptibles de establecer relaciones de parejas patológicas y gravemente desequilibradas, asumiendo en ellas un rol subordinado. Estas personas, asimismo, consideran a su pareja como el centro de su existencia, la idealizan, se someten a ella y serían capaces prácticamente de cualquier cosa para no romper la relación. De hecho, la dependencia emocional está en la base del comportamiento de un grupo de personas víctimas de violencia que manifiestan seguir enamoradas de sus parejas por graves que sean los malos tratos, vejaciones, desprecios, etc., que hayan recibido de su parte. Por tanto, se podría decir que la dependencia emocional es algo que convierte el amor en un suplicio, convierte algo que tendría que ser muy bonito y que debería aportarnos muchísimo, en algo que es horroroso en muchas ocasiones y que resta amor propio y calidad de vida al dependiente, consumiéndolo poco a poco y atormentándolo (Castelló, 2005).  

Por tanto, teniendo presente todo lo anterior, lo más sensato es aceptar que la violencia está presente en las parejas jóvenes de nuestro entorno y que es necesario enseñar a los jóvenes que el maltrato psicológico, el control o el “amor romántico” no son muestras de amor, sino que son el principio de la violencia de género.
Por tanto, los educadores sociales, psicólogos, personas que se dedican a la enseñanza, etc. tenemos una misión: ayudar a los jóvenes a definir e identificar qué cosas se pueden consentir y aceptar en una relación de pareja y que cosas no se deben permitir bajo ningún concepto; enseñarles cómo utilizar correctamente las nuevas tecnologías –sin ser controlados ni controladores- y fomentar que se detengan a examinar los mensajes de violencia que transmiten ciertos programas, Internet, series, canciones, etc.
Aunque no es un camino fácil, el objetivo principal es que los jóvenes puedan salir de la relación de dependencia y desequilibrio en la que están inmersos y aprendan a construir nuevos modelos de amor más lúcidos y menos ciegos.

La relación de pareja debe ser para disfrutarla, en ningún caso sufrirla.

Quien bien te quiere te hará reír, disfrutar, no llorar y sufrir.

Haizea Gómez Mugarza  ( Colaboradora de psycospirity)

Psicóloga General Sanitaria 

Psicóloga titulada con una gran experiencia que presta atención psicológica a niños, adolescentes y adultos en distintas dificultades que puedan superar a la persona y le hagan sufrir en su vida diaria. Realiza tanto terapias individuales, de pareja, de grupo o familiares, siempre desde el punto de vista preventivo de salud. 

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