jueves, 2 de mayo de 2019

FELICIDAD: ¿ELECCIÓN U OBLIGACIÓN?

Vivimos, en mi opinión, en la sociedad del éxito, de la inmediatez, de la alegría, de la
competición, de la búsqueda de sensaciones placenteras, de la ocultación de la dificultad
(entendida como flaqueza). De este modo, parece aceptarse a la felicidad y la expresión de
emociones positivas como objetivo vital. Emociones como la tristeza, la frustración o el
desconsuelo no suelen estar bien consideradas.


Tal es el punto que, con demasiada frecuencia, podemos observar la medicalización de
la tristeza. Titulares como “La tristeza no debe tratarse con fármacos, aconsejan médicos y
psicólogos” (Periódico digital La Nueva España, 30/11/2016) o “La tristeza y la ansiedad no son
enfermedades, ni deben tratarse con pastillas” (www.clarin.com, 22/11/2016) refuerzan nuestra
hipótesis de la tendencia absoluta a la eliminación del malestar












La búsqueda de la felicidad se ha convertido en el objetivo a alcanzar por gran parte de la sociedad actual.
                                                                        Fuente:Pixabay.com


  Es conocido por todos el fenómeno actual de varias empresas de vender productos
tales como tazas, láminas, agendas u otro tipo de enseres personales (¡hasta paragüas!)
plagados de mensajes positivos. No hay más que realizar una búsqueda sencilla en internet
para comprobar la cantidad de recursos que existen que abogan por la felicidad, la transmisión
de frases positivas y el no dar cabida al dolor y al sufrimiento.


Incluso la propia literatura, en unas ocasiones con tintes científicos y, en otras, con
objetivos simplemente divulgativos, está llena de felicidad. “El secreto de la felicidad”, “la
felicidad en la familia, en la educación, en las empresas”, “la felicidad desde la espiritualidad”,
“ese instante de felicidad”, “vivir con felicidad”, “esperando la felicidad”, “arquitectura para la
felicidad”, “el camino de la felicidad”, etc. son sólo algunos de los títulos de la mucha
bibliografía existente en este sentido.


Si bien el fenómeno de la felicidad no es, en absoluto, una novedad (ya fue estudiado
por filósofos antiguos como Aristóteles, quien la definía como el “bien supremo”, el fin al cual
están destinadas todas nuestras acciones, el objetivo de la vida de los seres humanos), existe
en nuestra sociedad (que no en otras) un ensalzamiento extremo de la felicidad.
Evidentemente, la felicidad es una elección personal, y todos los esfuerzos que se destinen a
que las personas consigan alcanzar el bienestar en todos los sentidos, propio de la naturaleza
humana, son bien recibidos. Pero, ¿qué pasa si el deseo de felicidad se convierte en una
exigencia?


A diferencia de los temas de conversación de nuestros abuelos (visualícese a dos
personas mayores que se encuentran por la calle y tratan de discernir cuál de las dos tiene
más problemas de salud), la exaltación de la felicidad en la actualidad se refleja también en las
interacciones que establecemos a través de las redes sociales. Todos estamos acostumbrados
a ver publicaciones de agradecimiento, demostraciones de amor, satisfacción con la vida, con
otras personas, … a través de las redes cuando, en muchas ocasiones, la persona a la que va
destinado el mensaje no va a acceder al mismo (por ejemplo, personas ya fallecidas, niños de
corta edad, personas que no están en las redes sociales, …), manifestaciones que, en la
mayoría de los casos, y cuando es posible, ni siquiera son trasladadas a la persona real.
Entonces, me pregunto: ¿cuál es su objetivo? ¿La visibilidad de la felicidad? ¿Parecer que
estamos felices y agradecidos a la vida constantemente?




La exaltación de la felicidad a través de su publicación en las redes sociales: demostrar siempre que se es             extremadamente feli
                                                                      Fuente:Pixabay.com

Y sigo preguntándome: ¿Tiene que ser feliz una madre que acaba de perder a su hijo?
¿Tiene que ser feliz una persona con dificultades económicas a la que despiden de su trabajo?
¿También debe ser feliz alguien que ha roto una relación afectiva importante? ¿Es que acaso
la tristeza, la pena, el sufrimiento, … no tienen cabida en esta sociedad?



Dentro de la terapia psicológica de orientación cognitiva, y desde la creación de la
misma a finales de los años 70, nos encontramos con una serie de distorsiones cognitivas.
Éstas se pueden definir como esquemas equivocados de interpretar los hechos que generan
múltiples consecuencias negativas. Estos esquemas pueden llevar a las personas al
padecimiento de trastornos del estado de ánimo (ansiedad y depresión frecuentemente). Entre
otros, David Burns, en su conocido libro “Sentirse bien” (1980), realiza una descripción de
éstas, pudiendo encontrarnos con algunas distorsiones como las siguientes:


Pensamientos todo o nada:
Tendencia a evaluar las propias cualidades recurriendo a categorías extremas, blanco
o negro. (...) Por ejemplo, un estudiante que siempre obtenía la más alta calificación, al
conseguir otra sólo un poco menos alta llegó a esta conclusión: "ahora soy un fracaso total".
Las formas de pensamientos todo o nada constituyen la base del perfeccionismo. Hacen que
usted tema cometer cualquier error o imperfección porque entonces se considerará un absoluto

perdedor, y se sentirá un inútil sin valor. El nombre técnico de este tipo de error de percepción
es "pensamiento dicotómico". Usted ve todas las cosas en blanco o negro, los matices grises
no existen.


Generalización excesiva:
Cuando usted generaliza en exceso llega arbitrariamente a la conclusión de que algo
que le ha ocurrido una vez volverá a sucederle una y otra vez, que se multiplicará. Como lo que
sucedió es invariablemente desagradable, usted se siente abatido.
El dolor del rechazo es consecuencia casi totalmente de una generalización excesiva.
Si no existe ésta, una afrenta personal podrá ser temporalmente decepcionante
pero nunca demasiado perturbadora. Un joven tímido reunió todas sus fuerzas para pedirle una
cita a una muchacha. Cuando ella le dijo cortésmente que no podía porque tenía otro
compromiso, él se dijo a sí mismo: "nunca voy a poder salir con una chica. Ninguna chica
querrá salir conmigo. Me quedaré solo y triste toda la vida".


Enunciaciones "debería":
Usted trata de motivarse diciendo: "Debería hacer esto" o "Debo hacer eso". Estas
enunciaciones le hacen sentirse presionado y resentido. Paradójicamente, termina por sentirse
apático y sin motivación alguna. Albert Ellis llama a esto "musturbation" (juego de palabras
intraducible del idioma inglés en el que must (deber) es conjugado en la palabra masturbación).
Yo lo llamo el enfoque "debería" de la vida.
Las enunciaciones "debería" generan muchos trastornos emocionales innecesarios en
su vida diaria. Cuando la realidad de su conducta no logre cumplir sus propias normas, sus
"debería" y "no debería" le producirán autoaversión, vergüenza y culpa. Cuando los resultados
demasiado humanos de otras personas no satisfagan sus expectativas, como sucederá
inevitablemente de vez en cuando, se sentirá amargado o se convertirá en un cínico. Tendrá
que cambiar sus expectativas para acercarse a la realidad o de lo contrario se sentirá siempre
humillado por la conducta humana. (...)



Estos pensamientos negativos han estado normalmente asociados a circunstancias
propias de las personas que los presentan (su modo de interpretar la realidad) pero ¿qué
ocurriría si la incipiente exaltación de la felicidad llevara a entender la misma como una
exigencia? Pues que podríamos encontrarnos con personas que se autoexigieran la felicidad,
que sintieran que deben ser felices (y no pueden serlo a pesar de contar con unas buenas
circunstancias para ello), y que la felicidad debe ser absoluta (o soy completamente feliz, o soy
un desgraciado). Ya me he encontrado, en mi práctica profesional, con varias personas que se
sienten frustradas porque creen que deberían ser felices (al fin y al cabo, cuentan con todo lo
indispensable para ello, según su propio cirterio, y en comparación con los demás). Esta
sociedad del bienestar y la felicidad, ¿está consiguiendo realmente hacernos más felices?
Tengo mis dudas al respecto.



La propia Psicología no se queda al margen de esta tendencia. Desde la aparición de
la Psicología Positiva tras la conferencia inaugural que pronunció Martin E. P. Seligman al
comenzar su etapa como presidente de la APA (Asociación Americana de Psicología) en 1998,
se inició una corriente psicológica centrada en hacer que las personas tuvieran una vida más
productiva y plena (Vera, 2008). Este mismo autor (Seligman, 2011), mostraba pasados unos
años de aquella conferencia que se puede llegar a vivir dentro de los límites más elevados del
rango fijo de felicidad de cada persona, tratando de aumentar las emociones positivas
vivenciadas por las personas.
A diferencia de la multitud de bibliografía existente para encontrar la felicidad (muchas
de ellas, sin ninguna base científica), yo apuesto por otro título de creación propia como:
“¿cómo librarse de la felicidad impuesta?”. Y así lo han hecho otros autores en obras como:


“(I.B.D.) la ley de la felicidad: prohibido no ser feliz” (Novo, I., 2015), “La industria de
la felicidad: cómo el gobierno y las grandes empresas nos vendieron el bienestar” (Davies,
W., 2016), “La búsqueda de la felicidad: por qué no serás feliz hasta que dejes de perseguir la
perfección” (Tal Ben-Shahar, 2011),” Felicidad flexible: atrévete a romper tus propios
esquemas” (MoixAguilar, J., 2011), o “La trampa de la felicidad: deja de luchar, comienza a
vivir” (Harris, R. 2010).


No debemos olvidar que, a pesar de que era y sigue siendo adecuado dedicar
investigaciones, intervenciones y recursos en tratar que cada persona alcance su bienestar, no
todas las emociones (incluidas las mal llamadas “emociones negativas”) son adaptativas. Pero
sentirse mal, y expresarlo, no está de moda. Hay que estar bien, y si ocurre algún incidente
negativo, hay que olvidarlo lo más pronto posible, y transformarlo, y todo esto sin caer en
aflicciones. Y el malestar es natural y universal. Pero nos empeñamos en reprimirlo. Desde
pequeños, educamos a nuestros hijos en la no manifestación de ello. “no pasa nada, no llores,
sé fuerte, pronto pasará, tienes que tirar para adelante, trata de ser positivo”, y así seguimos,
con estas frases, en nuestra adultez. Y, como decía Carl Gustav Jung, psicólogo suizo de
corriente psicoanalítica, la palabra “Felicidad” perdería sentido sin la tristeza.



 
                                    Para que exista un poco de luz, ésta debe destacar entre la oscuridad
                                                                             Fuente:Pixabay.com

Y, mientras escribo, observo en mi escritorio un bolígrafo que aboga por la eterna
sonrisa, y al consultar un mensaje de WhatsApp me fijo en la imagen de mi perfil, que me
recuerda la importancia de ser feliz. Sí, yo también he sucumbido en el marketing de la
felicidad. Pero, para mí, la felicidad no es una obligación, sino una ELECCIÓN.




Autora: 
Carmen mateo Pérez
@carmenmateo_psi


Fuentes:

Burns, D (1980). Sentirse bien, Editorial Altaya, España (1995), pp. 46 a 54.
Seligman, M. (2011). La auténtica felicidad. Barcelona: Zeta Bolsillo
Vera, B. (2008). Psicología Positiva. Una nueva forma de entender la Psicología. Madrid:
Calamar Ediciones.

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