miércoles, 10 de julio de 2019

Aceptar lo irremediable y mejorar lo posible: La actitud de PREFERENCIA.

Según Ellis, la actitud más deseable hacia uno mismo ( y también hacia los demás o la vida) es la que el llama actitud de preferencia. Esta consiste en el equilibrio entre la aceptación de nuestras limitaciones y la realización de nuestras posibilidades. 
Es la alternativa racional, deseable y sana a la actitud de exigencia y a sus consecuencias adversas (como la autocondena que tiene lugar cuando no se cumplen las autoexigencias). 
Si mantenemos una actitud de preferencia, la vida se convierte en un juego en el que siempre ganamos, ya que trabajamos para conseguir nuestros deseos y objetivos; pero, cuando esto no es posible, lo aceptamos de buen grado, quedando así libres para centrarnos en la realización de nuestras posibilidades y en disfrutar de ellas. De este modo experimentamos un mínimo de frustración o desagrado y un máximo de placer y bienestar. 
Para comprender mejor la actitud de preferencia y su aplicación a la autoestima, podemos considerar un círculo que contenga nuestros Principales deseos e intereses, y diferenciar los que no dependen de nosotros y aquellos que sí que están bajo nuestro control:

Como podemos ver en los ejemplos del círculo, si consideramos las cosas que más nos interesa lograr, hay algunas que no dependen de nosotros y hay otras que sí. Y es importante saber cuáles son unas y otras para actuar en consecuencia: para centrarnos en mejorar lo posible (lo que pertenece al ámbito de nuestra competencia), mientras aceptamos lo irremediable (lo que no depende de nosotros), sin gastar tiempo ni energía en tratar de cambiar lo que no nos corresponde. 
La actitud de preferencia con respecto a nosotros mismos consiste en aceptar nuestras limitaciones, para centrarnos en desarrollar nuestras potencialidades y en disfrutar de ellas. 
Esto incluye la autoaceptación incondicional, independiente de nuestros logros o de que las demás personas nos aprueben o no; aunque, como es lógico, prefiramos conseguir nuestras metas y que los otros nos aprecien.
La diferencia con la actitud de exigencia está en que, desde la posición de preferencia, no perdemos el tiempo en lamentarnos o en alterarnos por nuestras limitaciones. Las aceptamos y nos centramos en desarrollar (y disfrutar de) nuestras posibilidades. 
Y cuando tenemos un fallo, no nos autocondenamos ni menospreciamos por ello, sino que lo vemos como algo normal y procuramos aprender de él. 
La actitud de preferencia facilita el procesamiento no sesgado de la información autorrelevante, ya que al implicar una autoaceptación incondicional, no necesita distorsionar la informacion para seguir manteniendo una autoimagen positiva (falsa) como seudonecesidad o autoexigencia. 
Es también una forma de reducir las discrepancias entre nuestros deseos (yo ideal) y nuestros logros (yo real), de lograr una mayor congruencia o sintonía entre ellos, lo que constituye una característica básica de la sana Autoestima. 
La preferencia añade una dimensión cualitativa - eliminar la rigidez de las autoexigencias- a la idea de reducir nuestras pretensiones o, en otras palabras, de construir un yo-ideal más realista. 

Complementario del libro: Autoestima Sana, de Elia Roca

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