lunes, 24 de febrero de 2020

Atención temprana: desarrollo de la atención y memoria en niños de 0-6 años

Hablar de atención temprana es hablar de “El conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0-6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar".
Unos aspectos básicos e importantes para un desarrollo infantil adecuado son la atención y la memoria. ¿Cómo es el desarrollo característico de cada uno? veámoslo a continuación:



Desarrollo de la atención
Para el correcto funcionamiento de los procesos atencionales es necesario el desarrollo previo de la percepción, ya que esta se puede definir como la capacidad de focalizar los procesos cognitivos en un estímulo perceptivo concreto. 
Durante los 2 primeros años la atención se centra única y exclusivamente en los objetos circundantes que le rodean. El niño o la niña es capaz de focalizar únicamente si le suscita interés, pero aun así nunca por un tiempo prolongado.
Conforme avanza la etapa infantil la atención se hace más controlada y estable, así a la edad de 3 o 4 años son capaces de jugar a un mismo juego durante 40 o 50 minutos, aumentando hasta 90 minutos a la edad de 5 o 6 años. 

De forma que a la edad de 6 años, ya es capaz de centrarse en una lámina o escuchar atentamente un cuento, todo ello de forma plenamente consciente. A partir de esa edad, tienen incluso la capacidad de decidir previamente en qué van a centrar su atención. 

Desarrollo de la memoria
La memoria es el proceso por el cual almacenamos, codificamos y recuperamos información que ya estaba previamente almacenada. Es un proceso cognitivo involuntario muy acentuado durante toda la infancia con un desarrollo intenso. Y es la base para el resto de procesos como son el lenguaje, el pensamiento, incluso, la inteligencia. 
Durante la infancia el niño o la niña sólo puede retener objetos, imágenes o palabras mediante la retención mental involuntaria (memoria implícita) y reproducir esos mismo patrones posteriormente. No puede memorizar a su antojo. Mientras que la retención voluntaria (memoria explícita) empezará más tarde.
Para llegar a hacer de la memoria un proceso voluntario hay que ir progresivamente. La primera de ellas es que hay que distinguir entre retener y recordar. Esta distinción no la crea la niña o el niño de la nada, sino que de una forma u otra es la persona adulta la que le va suministrando la diferencia. Posteriormente, el infante aprende solo a repetir y discernir para memorizar. 


Anaís Martínez Jimeno
Psicóloga infantil

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